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El estallido contra el neocolonialismo: el mapa de las revueltas que desafían al FMI y al saqueo global

No son hechos aislados ni estallidos casuales. En África, en el Caribe y en América Latina se multiplican las protestas callejeras con un reclamo idéntico: ponerle un freno a la asfixia económica impuesta por organismos financieros internacionales y potencias extranjeras. La receta de ajustar a las mayorías para garantizar pagos de deuda y entregar recursos naturales colapsó en varios continentes al mismo tiempo.

Manifestación popular con pancartas frente a instituciones financieras internacionales

Foto: Vvertuccio — CC BY-SA 4.0 (vía Wikimedia Commons). Imagen ilustrativa.

Mirá el mapa completo y vas a ver un patrón que se repite casi al milímetro. Gobiernos que firman acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) o abren sus fronteras a monopolios extranjeros sin exigirles nada a cambio. Cuando las cuentas no cierran, la variable de ajuste siempre es la misma: comida más cara, salarios pulverizados, quita de subsidios al transporte y recortes brutales en salud y educación. Pero la novedad de este año es la respuesta: una juventud que no responde a los partidos tradicionales y que salió a disputar la soberanía en la calle.

África: la Generación Z en pie de guerra contra las recetas del FMI

El caso más contundente ocurrió en Kenia. El gobierno de William Ruto intentó aprobar a mediados de 2024 la Finance Bill, un paquete impositivo dictado por el FMI que creaba nuevos gravámenes sobre el pan, el combustible y las transferencias de dinero móvil. ¿Para qué? Para garantizar el pago de una deuda externa cuyos intereses ya devoraban el 37% de todos los ingresos del Estado keniano.

La respuesta popular desbordó cualquier cálculo oficial. Convocados a través de redes sociales y sin banderas partidarias, miles de jóvenes ocuparon el Parlamento en Nairobi. La policía reprimió con munición de plomo y dejó decenas de muertos, pero la presión social fue tan grande que el presidente tuvo que dar marcha atrás y retirar el proyecto de ley.

Algo muy similar sacudió a Nigeria con las movilizaciones bajo el lema #EndBadGovernance. Tras asumir el mando, Bola Tinubu aplicó una terapia de shock recomendada por el Banco Mundial y el FMI: devaluó la moneda local y eliminó los subsidios a los combustibles de un plumazo. El precio del transporte y los alimentos se multiplicó en semanas. Las centrales obreras y las organizaciones juveniles paralizaron las principales ciudades de la nación más poblada de África denunciando que las exigencias de Washington estaban condenando a millones al hambre.

El Caribe y el Pacífico: cuando la colonia dice basta

En los territorios que todavía dependen formalmente de potencias europeas, el malestar explotó con fuerza inusitada. El caso testigo es Martinica, una isla caribeña bajo bandera francesa donde los alimentos en los supermercados cuestan entre un 30% y un 40% más caros que en París.

El colectivo RPPRAC (Agrupación para la Protección de los Pueblos y Recursos Afrocaribeños) bloqueó rutas, puertos y centros comerciales para denunciar el negocio cautivo de los békés, las pocas familias herederas de los terratenientes coloniales que controlan la importación y la distribución minorista. La respuesta del gobierno de Emmanuel Macron no fue regular los precios, sino enviar tropas antidisturbios de la Policía Nacional (CRS) y decretar el toque de queda nocturno.

Lo mismo ocurrió a miles de kilómetros, en Nueva Caledonia (Kanaky), donde el pueblo originario canaco se levantó contra las reformas políticas diseñadas desde París y la explotación indiscriminada del níquel, un mineral estratégico codiciado por la industria tecnológica europea.

Infografía editorial con las cifras de las protestas globales contra el ajuste y el neocolonialismo

Radiografía de los focos de conflicto: imposición financiera, recursos estratégicos y resistencia popular.

América Latina: el freno al extractivismo y el espejo argentino

En nuestra región, el conflicto central pasa por el control de la tierra y los minerales críticos. El ejemplo más claro de los últimos tiempos fue Panamá. La Corte Suprema tuvo que declarar inconstitucional la concesión de la mina Cobre Panamá a la canadiense First Quantum Minerals tras meses de huelgas y cortes de ruta que frenaron al país.

Hoy, la multinacional presiona con un arbitraje internacional por 20.000 millones de dólares para forzar al nuevo gobierno a reabrir la mina, un mecanismo legal diseñado en los tribunales del Norte global para penalizar a los países que deciden proteger sus cuencas de agua y su soberanía territorial.

Este escenario tiene un correlato directo con lo que vivimos acá. Mientras en nuestro dossier de Soberanía y RIGI documentamos cómo se entregan beneficios fiscales por 30 años a multinacionales mineras y petroleras sin obligarlas a dejar un solo dólar en el país, el gobierno nacional aplica el mismo libreto del FMI que encendió a Kenia y Nigeria: recorte al presupuesto universitario, desfinanciamiento de la salud y licuación de las jubilaciones para cerrar el déficit fiscal ante los acreedores externos.

Ya lo analizamos cuando repasamos la disputa por los recursos estratégicos en América Latina y el avance neocolonial en la región: el alineamiento ciego con las potencias no trae prosperidad, trae dependencia. Lo que demuestran las calles de Nairobi, Fort-de-France y Panamá es que cuando la transferencia de riqueza hacia afuera destruye la vida cotidiana de las personas, el consenso neoliberal se quiebra desde abajo.


Fuentes