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Milei le dice "ladrón" a Lula: el costo de insultar al principal socio comercial

En San Pablo, en plena convención del Partido Liberal que lanzó la candidatura de Flávio Bolsonaro, Javier Milei cruzó a Lula da Silva. Lo llamó "ladrón", "presidiario" y "basura socialista". Brasil respondió llamando a su embajador a consultas. Lula, en cambio, es el presidente del país que más productos argentinos compra.

Banderas de Argentina y Brasil

IA: banderas de Argentina y Brasil, el principal socio comercial. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.

Qué dijo y dónde lo dijo

El episodio no fue un exabrupto suelto en un pasillo. Fue en un escenario, con micrófono y para la tribuna. Milei viajó a San Pablo, participó de la convención del Partido Liberal que proclamó a Flávio Bolsonaro —hijo de Jair— candidato presidencial para octubre, y desde ahí disparó contra el jefe de Estado brasileño. De paso, también trató de "basura calva" al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.

La reacción de Brasilia fue inmediata: llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Daniel Raimondi. Lula calificó la presencia de Milei en el acto como un "disparate".

Es un capítulo más de la pelea personal que ya venía escalando, la misma que contamos en la gira por Bolsonaro. La diferencia es de tono y de escenario: esta vez el insulto fue directo, público y dicho dentro de Brasil, sobre un presidente en ejercicio.

Por qué no es solo una frase

La política exterior no vive en Twitter, vive en las aduanas. Brasil es el primer socio comercial de la Argentina: destino clave de nuestras exportaciones industriales y motor del Mercosur.

Cuando el presidente de un país trata de "ladrón" al presidente del vecino que más le compra, el problema no es diplomático de manual, es de plata:

  • Complica las mesas de negociación del Mercosur.
  • Enfría acuerdos bilaterales que tardan años en cerrarse.
  • Le pasa la factura a exportadores que nada tienen que ver con la interna ideológica.

El patrón: amigos ideológicos, socios reales

Hay una lógica que se repite. El Gobierno elige a sus aliados por afinidad ideológica, no por peso comercial. Se abraza con Bolsonaro mientras pelea con Lula. Se alinea con Trump y, aun así, se comió un arancel del 10%.

La neutralidad histórica argentina —comerciar con todos, pelearse con pocos— quedó archivada. En su lugar hay una diplomacia de trinchera, donde el gesto para la tribuna propia vale más que el mercado que se enfría afuera.

La pregunta de fondo es simple: ¿conviene ganar un aplauso en un acto si se paga con exportaciones?

Seguimos el tema en nuestro dossier de Política Exterior.