El laboratorio de Martinica: comida 40% más cara, oligarquía colonial y toque de queda¶
Comprar un paquete de fideos, un litro de leche o carne fresca en Fort-de-France cuesta hasta un 40% más que en cualquier supermercado de París, aunque los sueldos en la isla caribeña son un 20% más bajos. El estallido social que sacude a Martinica puso al descubierto la vigencia del pacto colonial: una economía cautiva donde un puñado de familias fija los precios a su antojo y la metrópoli responde enviando tropas antidisturbios.
La postal parece de otro siglo, pero ocurre hoy en pleno territorio de la Unión Europea. Martinica, clasificada como "departamento de ultramar" de Francia, depende en un 80% de los alimentos que llegan en barco desde el continente. Esa dependencia no es un accidente geográfico: es el resultado de un modelo agroexportador histórico que nunca desarrolló producción local para alimentar a su propia población.
Los dueños de las góndolas: quiénes son los "békés"¶
El nudo del conflicto tiene nombre propio: los békés. Son los descendientes directos de los primeros colonizadores franceses y dueños de plantaciones del siglo XVII. Aunque representan menos del 1% de la población de la isla, controlan más del 80% de la tierra fértil, las cadenas de importación marítima y los principales hipermercados (entre ellos las franquicias de Carrefour en la región).
Cuando un cargamento llega al puerto, pasa por distribuidoras que pertenecen a estos mismos grupos familiares. El resultado es un sobreprecio escandaloso:
- Los productos lácteos y carnes llegan a costar el doble que en la Francia metropolitana.
- El aceite, el arroz y los enlatados tienen márgenes de ganancia que triplican el promedio europeo.
- El impuesto local a la importación (octroi de mer), pensado originalmente para proteger la producción isleña, termina inflando las facturas sin fomentar ninguna industria local.
La rebelión del RPPRAC y la respuesta de París¶
Cansados de negociaciones estériles entre funcionarios locales y empresarios, miles de vecinos se organizaron en la Agrupación para la Protección de los Pueblos y Recursos Afrocaribeños (RPPRAC), encabezada por el activista Rodrigue Petitot. Su reclamo fue simple y contundente: congelar de inmediato los precios de la canasta básica e igualarlos con los de París.
Al no obtener respuestas, el movimiento bloqueó las entradas de los grandes supermercados, cerró accesos portuarios y levantó barricadas en las rutas principales. La respuesta del gobierno francés de Emmanuel Macron fue inmediata, pero no económica: declaró el toque de queda nocturno en Fort-de-France y desplegó a la Compañía Republicana de Seguridad (CRS 8), una unidad de élite antidisturbios cuya presencia en la isla estaba prohibida por ley desde las masacres coloniales de 1959.
Como señalamos en nuestra investigación central sobre el estallido global contra el ajuste, Martinica funciona como una advertencia para cualquier país periférico: cuando la soberanía sobre la comida y el comercio queda concentrada en manos privadas y foráneas, el libre mercado se convierte en una prisión a cielo abierto. Si querés entender cómo impacta la pérdida de soberanía económica en las condiciones de vida, podés consultar nuestro dossier de Soberanía y RIGI y el análisis sobre precios e ingresos en el dossier de Economía y Pobreza.
Fuentes
- INSEE (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia) — Informes comparativos de precios espaciales entre los departamentos de ultramar y la Francia metropolitana.
- Le Monde — Cobertura sobre el despliegue de las fuerzas CRS y el toque de queda en Fort-de-France.
- Swissinfo — Reporte sobre las negociaciones entre el colectivo RPPRAC, la prefectura y las cadenas de distribución.
- Telesur — Crónicas sobre las movilizaciones populares y la huelga general en Martinica.