El dueño invisible: Eduardo Elsztain, el poder en las sombras y la trampa geopolítica de Malvinas a la Patagonia¶
Durante décadas cultivó un perfil subterráneo que a los memoriosos les recuerda la obsesión de Alfredo Yabrán por esquivar las cámaras: ser el dueño de casi todo sin que nadie te reconozca en la calle. Hoy, Eduardo Elsztain ya no puede esconderse; su emporio inmobiliario, financiero y de tierras marca el pulso de la Argentina libertaria y teje un entramado donde la diplomacia, los negocios en Malvinas y la Patagonia se cruzan con un peligroso déjà vu histórico.
¿Quién manda realmente cuando se apagan los reflectores de la Casa Rosada? La pregunta no es retórica. En los noventa, la frase célebre le pertenecía a Yabrán: "El poder es tener impunidad; sacar una foto a mi persona es como pegarme un tiro en la frente". Elsztain nunca necesitó guardaespaldas prepotentes ni autos blindados a la vista. Eligió la elegancia del bajo perfil, las oficinas discretas de la calle Bolívar y la arquitectura de sociedades cruzadas.
Sin embargo, los números de su imperio asombran a cualquiera que revise el catastro nacional:
- IRSA: dueña absoluta de los principales shoppings de la Ciudad de Buenos Aires (Alto Palermo, Abasto, Dot Baires, Paseo Alcorta, Patio Bullrich) y de torres corporativas de primer nivel.
- Cresud: una de las mayores operadoras agropecuarias de América del Sur, con más de 800.000 hectáreas bajo explotación directa o inversión en Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia.
- Banco Hipotecario: la histórica entidad pública privatizada durante el menemismo, controlada en su gestión por el grupo privado con participación estatal minoritaria.
- Austral Gold y BrasilAgro: activos en minería de oro y plata, además del emblemático hotel Llao Llao en Bariloche y el megaproyecto de Costa Urbana en la ex Ciudad Deportiva de Boca.
De la suite del Libertador al misticismo del poder¶
El desembarco de Javier Milei en la política nacional tuvo un domicilio fiscal y espiritual concreto: el Hotel Libertador, en Avenida Córdoba y Maipú. Propiedad de IRSA, esa mole de cemento fue el cuartel de campaña de La Libertad Avanza, el centro de cómputos del balotaje y la residencia presidencial de facto durante semanas antes del traslado a Olivos.
Elsztain no solo aportó camas y salones blindados. Fue el puente decisivo hacia la comunidad ortodoxa de Jabad Lubavitch y los círculos de poder en Tel Aviv y Nueva York. El propio mandatario reconoció que sus viajes al Ohel —la tumba del rabino Menajem Mendel Schneerson en Queens— y su aproximación al judaísmo tuvieron en Elsztain a un facilitador permanente.
El lazo trasciende lo espiritual. Elsztain presidió el fondo IDB Holding en Israel, integró la conducción del Congreso Judío Mundial y mantiene aceitados canales de financiamiento con fondos de inversión globales desde sus inicios de la mano de George Soros en 1991. En la cosmovisión libertaria, Elsztain encarna al "héroe empresarial". Pero cuando se raspa la superficie, aparecen contradicciones de soberanía que ningún discurso de ocasión puede tapar.
Negocios en Malvinas: el accionista argentino de la FIC¶
Uno de los capítulos más incómodos en la biografía de Elsztain salió a la luz cuando se documentó su participación accionaria en Falkland Islands Holdings (FIH), la empresa matriz de la histórica Falkland Islands Company (FIC).
La FIC no es una compañía cualquiera: fundada en 1851 por carta real británica, opera como un monopolio colonial en nuestras islas. Controla puertos, transporte de carga, distribución de combustible, comercio minorista y servicios para la exploración pesquera y petrolera autorizada ilegalmente por el gobierno colonial de ocupación.
Elsztain adquirió participaciones en dicha firma y llegó a controlar cerca del 2% del paquete accionario, intentando en su momento una compra mayor que despertó alarmas en la City de Londres. La explicación pública del empresario fue estrictamente financiera: "operar en las reglas del mercado británico".
Sin embargo, la pregunta política quema: ¿cómo compatibiliza el discurso patriótico un gobierno que premia a magnates locales con intereses comerciales directos en las corporaciones británicas que sostienen la ocupación de Malvinas?
La trampa geopolítica y el síndrome de Galtieri¶
El gobierno actual desplegó una estrategia de alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel como dogma de fe. En los despachos oficiales se instaló una fantasía peligrosa: la idea de que ese sobreactuado respaldo diplomático servirá de escudo protector y que, a cambio del alineamiento irrestricto, las potencias occidentales nos van a reconocer derechos sobre el Atlántico Sur y Malvinas.
La historia argentina ya vio esta película y terminó en tragedia.
En 1981 y principios de 1982, la dictadura de Leopoldo Fortunato Galtieri creyó exactamente lo mismo. El régimen militar mandó tropas y asesores a Centroamérica para entrenar a los "contras" nicaragüenses por pedido de la CIA y de la administración de Ronald Reagan. Los generales en Buenos Aires se convencieron de que ese servicio prestado a Washington garantizaba que, al recuperar las Islas Malvinas, Estados Unidos permanecería neutral o frenaría a Margaret Thatcher.
El desenlace fue brutal: apenas sonaron las alarmas de guerra, Washington se dio vuelta en 24 horas. La Casa Blanca le entregó a Londres inteligencia satelital secreta, misiles aire-aire Sidewinder de última generación y combustible en la base de la Isla Ascensión. La "lealtad" previa no valió un solo centavo.
Hoy la historia amenaza con repetirse bajo un ropaje financiero. Mientras el oficialismo agita banderas de ocasión y desmantela reclamos soberanos en foros multilaterales, Estados Unidos y Gran Bretaña jamás movieron un milímetro su alianza estratégica militar en el Atlántico Sur.
Peor aún: al abrir de par en par la economía mediante regímenes especiales como el RIGI y derogar los límites a la compra de campos por extranjeros, lo que está en juego ya no es solo la discusión diplomática de las islas, sino la Patagonia continental.
Grandes extensiones con nacientes de ríos, cuencas hídricas no contaminadas y reservas de hidrocarburos no convencionales quedan a merced de corporaciones que operan con sede en paraísos fiscales o capitales extranjeros. Mientras la diplomacia juega a los soldaditos ideológicos, el mapa real del territorio argentino se sigue loteando en silencio.
Ni conspiraciones delirantes ni ingenuidad colonial¶
Hay que separar la paja del trigo con precisión quirúrgica. Durante años circularon en redes teorías conspirativas antisemitas sobre supuestos planes de ocupación territorial en la Patagonia que Chequeado y diversos investigadores han desmentido con solvencia. Esas fantasías solo sirven para desviar la atención del problema real.
El problema real no es religioso ni místico: es de concentración económica y soberanía territorial.
Cuando un puñado de corporaciones —encabezadas por figuras como Elsztain, Lewis o Benetton— acumulan millones de hectáreas, controlan los puertos de los ríos navegables, tienen acciones en las firmas coloniales británicas de Malvinas y redactan leyes a medida desde las habitaciones de hoteles cinco estrellas, la democracia se transforma en una cáscara vacía.
Si querés profundizar sobre cómo se cruzan estas políticas con la entrega de recursos, leé nuestro dossier de Soberanía y RIGI y el dossier de Política Exterior.
El verdadero poder no necesita desfilar por los programas de televisión. Le basta con que el presidente de turno duerma en sus hoteles y ejecute sus planes económicos mientras el país mira para otro lado.
Fuentes
- Comisión Nacional de Valores (CNV) — Balances consolidados de IRSA Inversiones y Representaciones S.A. y Cresud S.A.C.I.F. y A. (2024-2026).
- Companies House (Registro Mercantil del Reino Unido) — Registro de accionistas de Falkland Islands Holdings (FIH) plc.
- Chequeado — Investigaciones sobre propiedad de tierras en la Patagonia y régimen de extranjerización (Ley 26.737).
- Archivo Histórico de la Cancillería Argentina — Informes diplomáticos y documentos desclasificados sobre la Guerra de Malvinas (abril-junio de 1982).
- Diario La Nación y Perfil — Coberturas sobre la estadía de Javier Milei en el Hotel Libertador y los vínculos con Jabad Lubavitch.