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La trampa del FMI en África: la juventud de Kenia y Nigeria en guerra contra el ajuste

Cuando los manuales del Fondo Monetario Internacional chocan contra la realidad de la calle, los resultados suelen ser impredecibles para los burócratas de Washington. En Kenia y Nigeria, dos de las mayores economías de África Subsahariana, miles de jóvenes de la llamada Generación Z rompieron el cerco de la política tradicional y se alzaron contra una ecuación perversa: pagar el servicio de la deuda externa a costa del hambre de la población.

Edificio del Parlamento en Nairobi, Kenia

Foto: Ryan Bushby (HighInBC) — CC BY 2.5 (vía Wikimedia Commons). Imagen ilustrativa.

Durante décadas, los organismos multilaterales de crédito vendieron la misma receta: disciplina fiscal estricta, apertura indiscriminada y aumento de impuestos al consumo para garantizar que los acreedores internacionales cobren puntualmente. Pero en países donde más del 60% de la población tiene menos de 25 años y carece de empleo formal, el ajuste fiscal permanente ya no encuentra margen de tolerancia social.

La batalla de Nairobi: la quema del proyecto fiscal

En Kenia, el gobierno del presidente William Ruto firmó un programa de financiamiento con el FMI que exigía recaudar 2.700 millones de dólares adicionales para achicar el déficit. La respuesta del Ejecutivo fue la Finance Bill, un proyecto de ley que gravaba con un 16% de IVA al pan, subía los impuestos a los combustibles y metía mano en los servicios de salud y telefonía celular.

El dato de fondo explica la furia social: Kenia destina actualmente el 37% de todos los ingresos tributarios del Estado a pagar intereses de deuda externa. Los jóvenes, organizados sin líderes partidarios a través de plataformas como TikTok y X, salieron a las calles con una consigna contundente: "No nos maten con impuestos para pagar deudas que nosotros no pedimos".

La movilización culminó con la toma e incendio parcial del Parlamento en Nairobi. Frente a la negativa de las masas a retroceder a pesar de la represión estatal con armas de fuego, Ruto tuvo que anunciar la retirada total del proyecto impositivo, un hecho sin precedentes en la historia reciente del país africano.

Nigeria y la pesadilla de la terapia de shock

A miles de kilómetros de allí, en Nigeria, el presidente Bola Tinubu aplicó al pie de la letra las exigencias del Banco Mundial y el FMI apenas asumió: terminó con los subsidios a los combustibles y liberó la cotización de la moneda local, el naira. El impacto fue devastador. La inflación superó el 34% anual, el precio de la nafta se triplicó y millones de familias cayeron bajo la línea de pobreza extrema en cuestión de meses.

La respuesta popular fue la campaña #EndBadGovernance, diez días consecutivos de huelga y marchas en las principales ciudades del país. Los manifestantes no solo exigieron el restablecimiento de los subsidios a la energía, sino también una rebaja en los sueldos de los altos funcionarios y la auditoría completa de la deuda externa nacional.

Una lección para los países endeudados

Tanto en Kenia como en Nigeria quedó en evidencia el agotamiento de un mecanismo de sometimiento neocolonial. Los préstamos de los organismos internacionales no financian hospitales ni rutas: funcionan como un salvataje para que los gobiernos paguen deudas anteriores a fondos de inversión globales, hipotecando el futuro de generaciones enteras.

Esta realidad resuena con fuerza en Argentina. Como analizamos en el mapa del estallido global contra el neocolonialismo, la subordinación incondicional a los dictados externos termina siempre en un callejón sin salida social. Te invitamos a revisar los datos sobre endeudamiento y pobreza en nuestro dossier de Economía y Pobreza y las implicancias geopolíticas de estas alianzas en el dossier de Política Exterior.


Fuentes